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LA OBEDIENCIA
EN LOS NIÑOS
SECRETOS DE OBEDIENCIA
Todo padre sueña con un
recetario mágico que le diga cómo ejercer la autoridad para
q ue
sus hijos sean obedientes. Ese sueño se hace realidad
gracias al psiquiatra uruguayo, Alexander Lyford-Pike, quien
en su libro Ternura y Firmeza con los Hijos, explica que la
educación que garantiza obediencia es la que equilibra
justamente firmeza con ternura. El autor entrega a sus
lectores trucos concretos y efectivos para lograr que los
niños hagan lo que se les manda. A la hora de dar una orden,
conozca qué debe procurar y qué evitar.
Siempre hay que…
Hablar claro: Consiste en
expresar las órdenes de la forma más exacta posible. Para
ello es importante utilizar un lenguaje adecuado, concreto y
sin frases vagas e imprecisas. Por ejemplo: "Deja de
molestar a tu hermana AHORA", "Quiero que te vistas YA para
ir al colegio". Estos mensajes no dejan duda en los hijos
sobre lo que se quiere que hagan y cuándo. "Pórtate bien",
"sé bueno", puede no decirles nada. Además de ser importante
lo que se dice, es fundamental la forma en que se hace:
Evite los gritos. Es más eficiente un tono firme, pero
calmado.
Mantenga la tranquilidad y siempre hábleles mirándolos a los
ojos y con algún tipo de contacto físico como ponerle una
mano sobre el hombro.
Finalmente, hablar claro implica también saber como padres
reconocer las buenas conductas. Elogiar las buenas
reacciones es clave para asegurar las próximas. ¡Qué bien lo
hiciste! ¡Te felicito! son exclamaciones que no deben ser
dichas al pasar, sino deteniéndose y con mucho énfasis.
Respaldar las palabras con hechos: Cuando la comunicación
con palabras no logra aún el objetivo deseado es muy válido
aplicar un castigo. Para esto lo principal es asegurarse de
que la orden esté bien dada y si se sabe que habrá
resistencia pensar de antemano un castigo en proporción.
Las acciones disciplinarias más eficaces son: El
aislamiento, es decir, separarlo del resto y dejarlo en una
situación aburrida o poco estimulante; y el retiro de
privilegios: ver televisión, usar el teléfono, salir con los
amigos…
Es
importante presentar el castigo como opción, es decir, "o te
comes la comida inmediatamente o te vas a tu pieza", pues
así el propio niño tiene la posibilidad de terminar con su
mala conducta. La medida disciplinaria debe ejecutarse lo
antes posible, ya que la demora disminuye su efecto
correctivo.
Jamás hay que …
Dar respuestas inseguras: Una respuesta es insegura cuando
no le transmite al niño en forma precisa, fácilmente
comprensible y firme lo que se espera que haga. Ejemplo de
esto son las afirmaciones inefectivas que sólo recalcan el
mal comportamiento, pero que no dan claramente la orden: "Te
pedí que ordenaras tu pieza y todavía no lo haces, no me
haces caso". Esas quejas sólo diluyen la instrucción y le
quitan fuerza, dejando margen para que el hijo la ignore. Es
también una orden insegura la que se hace en forma de
pregunta: "¿Cuántas veces
te he dicho que ordenes?".
Esta
pregunta es ineficaz, pues sólo transmite el disgusto de la
madre sin expresar autoridad o guía. Obviamente ella no
espera que el niño le conteste "necesito que me lo digas
diez veces". Por eso la mejor afirmación en este caso
sería: "Ordena tus juguetes inmediatamente". El ruego
también es una forma de mandar insegura. "Por favor, anda a
acostarte que estoy muy cansada", son órdenes que nunca son
razón suficiente para que el niño deje de hacer lo que está
haciendo porque no entiende ni dimensiona la súplica de su
madre.
Dar
respuesta hostiles: La hostilidad o la agresión son también
un tipo de respuestas que no logran que el niño haga lo que
se le manda. Las órdenes con agresividad, son una forma
equivocada de autoritarismo que demuestran la desesperación
de los padres y hacen que el niño se sienta rechazado.
Ejemplo de este tipo de reacción son las formas de
disminuirlo con frases como "me vuelves loca", "me
enfermas", "eres un desastre". También las amenazas sin
contenido: "Ya te va a llegar" o "me las vas a pagar".
Además
la agresividad poco efectiva se demuestra en castigos
excesivos no proporcionales a la mala conducta. Éstos,
generalmente surgen como una medida de desahogo de los
padres que es poco efectivo. Finalmente, el castigo físico
como los tirones de pelo, pellizcones, empujones o golpes
son ineficaces en los niños. Por lo demás, si la obediencia
es por sumisión atemorizada, el mensaje fracasó, pues el
niño debe obedecer porque entiende que así debe hacerlo y no
por susto. Porque lo dice su padre que lo quiere y que sabe
lo que es bueno para él.
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